Hay que reconocer que la resistencia que ejerce la afición de Francia para defender la tauromaquia frente a los enemigos de ésta es ejemplar por cuanto la ejercen sin dobleces apoyados exclusivamente en las herramientas que su acrisolada democracia pone a su servicio, alejándose de las mil argucias que sí emplean quienes la atacan. El último episodio en esa dirección tuvo lugar la semana pasada cuando los defensores de derechos tan elementales y lógicos como es el que los ciudadanos puedan elegir libremente la opción de asistir o no asistir a las corridas de toros, lograban que el Senado francés rechazara por gran mayoría la pretensión de los antitaurinos de que los menores de 16 años no entraran en las plazas de toros.
La jugada de esos políticos prohibicionistas -censores, hipócritas y totalitarios, hay que avisarlo- tenía la perversa intención al querer cortar el flujo de nuevos aficionados sin declarar abiertamente que lo que quieren es acabar con los toros. Era un plan a medio y largo plazo que los amantes galos de la fiesta brava lo han sabido ver a tiempo y lo han combatido apoyándose en argumentos legales que la democracia que impera en el país vecino contempla. Llegados a este punto hay que convenir que los franceses han sabido enfrentarse al maniqueo de los políticos del pensamiento único con manifiesta solvencia, nivel/nivelazo que hemos echado de menos en las respuestas que se les ha dado a sus congéneres tanto en España como en los países hispanoamericanos donde los toros tienen arraigo de siglos.
También en favor de los aficionados del otro lado de los Pirineos, hay que decir que desde que la memoria nos alcanzan siempre estuvieron en guardia para defenderse, sin dejar en ningún momento que prosperaran iniciativas que coartaran la libertad de elección, que es lo que han hecho con éxito también en esta ocasión. Esa postura que viene a defender lo propio, en el caso de los toros el derecho a contemplar un espectáculo que consideran que tiene valores en los que creen, es la que los distinguen sobre quienes fían su defensa sólo a los sentimientos, esos de los que carecen quienes son incapaces de emocionarse cuando ven que alguien es capaz de jugarse la vida para crear arte y también vida. Así que a tomar ejemplo y no dejarse embaucar por gentes de bajo perfil humano.